Eres mi diosa.
Las palabras de Damián fueron tan sinceras que tocaron la fibra más sensible del corazón de Emma.
La carta se le resbaló de los dedos y cayó al suelo en el instante exacto en que las emociones terminaron de romper el poco control que le quedaba.
Todo lo que había contenido durante días —el miedo, la angustia, la rabia, la esperanza brutal de saber que sus padres estaban vivos— se mezcló dentro de ella con otra cosa igual de poderosa, más ín