Buen intento.
El tono burlón que Caleb usaba no hacía más que hacer hervir la sangre de Damián.
Las ganas de asesinarlo lo superaban.
De verdad quería matarlo. Quería sentir sus manos alrededor de su cuello y borrar de una vez por todas esa sonrisa enfermiza que había perseguido a Emma durante demasiado tiempo.
Lo único que salvaba a Caleb era la maldita soga en sus muñecas.
Y el hecho de que Damián ap