—Fue por tu culpa —repitió Jared con absoluta frialdad—. Fuiste tú quien lo llamó, justo cuando Danilo conducía en plena curva, en plena noche. Él, como siempre, quiso atenderte, porque tú siempre eres prioridad, ¿no? Y por atenderte a ti, perdió el control.
—¡Basta, tío! —exclamó Nadia, pero él no tenía intención de detenerse.
—El coche se salió de la carretera —agregó él—. Iban rápido, muy rápido. Dicen que las curvas del asfalto eran largas e irregulares. Danilo frenó, derrapó, pero ya era ta