C28: Que nadie conteste las llamadas.
—No me dejes justo en frente de mi casa. Déjame unas cuadras antes —pidió Nadia cuando Rowan detuvo la lamborghini en su calle, mirando por la ventana.
Rowan frunció el ceño.
—¿Por qué? Ya es de noche, Nadia. No quiero que camines sola a estas horas —respondió, preocupado, sin dejar de mirar el reloj del tablero que marcaba una hora avanzada.
—Estaré bien. Es mejor así, por favor —insistió ella sin agresividad.
Él suspiró con resignación. No estaba de acuerdo, pero decidió respetar su decisión.