Confundida, Nadia alzó una ceja y preguntó con cierta incredulidad.
—¿De qué estás hablando?
Él sonrió, como si revelara un pequeño secreto.
—Te lo mencioné antes, sé que hoy tu agenda está más despejada, que tu día es menos caótico. Así que me tomé la libertad de organizar algo especial para nosotros. Ya hemos compartido un almuerzo juntos, pero esto es solo el comienzo. Hay un itinerario, un plan que seguiremos, y ahora nos dirigiremos a otro lugar.
—No voy a ir contigo a ningún lado —respond