—Juan, no me encuentro bien, me duele la cabeza ...
Su voz era delicadamente resignada.
Juan arrugó la nariz e inconscientemente miró a Lorena que estaba a su lado.
Una luz clara brilló en sus ojos, con indiferencia de contemplar el espectáculo, sin ningún ira o celos.
El corazón se le encogió un poco y apartó a Susana con un tono de impaciencia:
—Vuelve si no te encuentras bien, nadie te retiene aquí.
A Susana se le saltaron las lágrimas, inclinó la cabeza y se mordió el labio, como si la hubie