Isabella recordó cuando después de la muerte de sus padres, su tío la visitó en su casa esa noche, notó algo diferente en su comportamiento.
Estaba más serio de lo normal, y parecía tener algo en mente que lo tenía preocupado.
Después de la cena, su tío le pidió hablar, y le explicó todo, le contó que había recibido una carta de un abogado que decía que Isabella no era hija biológica de sus padres, y que había sido adoptada por su familia.
Isabella no podía creer lo que acababa de escuchar.