Cedric había llegado a Estados Unidos, después de días en altamar, se sintió reconfortado al pisar tierra firme, llevaba con él todo el dinero que había robado a su hija, no sintió en ningún momento remordimientos por haberla entregado a Do Santos.
—Qué con mi hija se dé por bien pagado.
Do Santos y Marjorie, se sentían cada vez más acorralados, en los medios fueron publicadas sus fotos, ya no tenían la libertad de poder salir como antes.
—Te lo dije, Marjorie, no debiste enviar a la loca de tu