Esa mañana la brisa salina la despertaba con agrado. La noche anterior, habían casi roto la cama del yate por tanto que habían hecho…y sintió sus mejillas arder, se habían quedado dormidos como dios los trajo al mundo, el cansancio los había vencido. Era domingo, y Emma se sentía tan relajada como nunca antes estuvo. Se levanto para vestirse con lo primero que tuvo a la mano. Los sirvientes que los habían acompañado para ayudar y atender a Dante, ya tenían el desayuno listo. Hambrienta, devoro