«¡Oh! Definitivamente, no debería escucharlo cuando me diga que me deje llevar… pero… ¡Dios mío!»
Pensó Lilly, un tanto incrédula por lo que acababa de ocurrir entre ellos. En ese momento, se encontraba abrazada a él, con la vista clavada en el cielo nuboso que, inexplicablemente, parecía presagiar una tormenta.
Mientras tanto, Brishen fumaba un cigarro, con la pasividad de quien nada tenía por arrepentirse. De tanto en tanto, le besaba la cabellera, como si estuviera pensando en algo que no t