(POV Kyler)
El sonido de la puerta cerrándose tras los niños fue como el estallido de una granada en el silencio de la sala. Me quedé de pie, apretando el dibujo de Adrián entre mis dedos hasta que los nudillos se me pusieron blancos. La furia no era suficiente; era un incendio forestal que me quemaba los pulmones. Sentía que la sotana me asfixiaba, que cada voto de paz que había pronunciado era una mentira frente al llanto silencioso de mis hijos.
—¡Me la voy a llevar! —rugí, dándome la vuelta