POV Kyler)
Eran casi las dos de la tarde cuando finalmente reunimos el valor —y la fuerza física— para salir de la habitación de invitados. Yo caminaba con una sonrisa de suficiencia que no podía borrarme ni con un exorcismo, aunque sentía los músculos de la espalda un tanto tensos. Aria, por su parte, avanzaba con una elegancia algo forzada, un poco lenta, como si cada paso le recordara el "castigo" que le había impuesto contra el cabecero de la cama.
Al entrar al comedor, nos encontramos con