(POV Aria)
El tiempo en esta celda no se mide en horas, se mide en el ritmo de la respiración de Kyler contra mi cuello. Todavía estábamos unidos, nuestras pieles pegadas por el sudor y el esfuerzo de una tarde que desafiaba a las leyes de la física y de la Iglesia. Ya no estábamos en la silla de madera; nos habíamos trasladado a la pequeña cama de hierro, esa superficie estrecha y ruidosa que ahora se sentía como el único territorio soberano de mi vida.
Sentí cómo su cuerpo se tensaba por terc