El sabía que debería olvidarse del tema, dejarla tranquila para que siguiera su propio camino, ya que todo aquello no era de su incumbencia. No era su problema.
Liberó una maldición, porque sabía que de algún modo, cuando ella se había aferrado a su brazo para poder cruzar la carretera, sus problemas habían pasado a ser asunto suyo.
—¿Tienes dinero?
—Un poco. Bastante para pagar la factura del médico, y para comprarle algunas cosas al bebé.
Él vsabía que se estaba buscando problemas, pero p