—Quiero enseñarte algo, y después podrías dormir una siesta mientras Michael y yo jugamos —dijo él, mientras le acariciaba la mandíbula con el pulgar.
Con ella ,había descubierto que el olor del jabón y los polvos de talco podía ser excitante—Cuando hayas descansado, podremos tener nuestra propia celebración privada.
—Ahora mismo me voy a dormir.
Kevin se echó a reír, y la agarró del brazo antes de que pudiera empezar a subir las escaleras.
—Antes, quiero que veas una cosa.
—Vale, estoy demasia