—Sí, es verdad —dijo él, divertido. Aunque ella hubiera hecho las maletas, no habría llegado ni al recibidor—. Entonces, ¿qué problema hay?
—No hay ningún problema.
—Preferiría no tener que preguntárselo a Marion.
—Lo mismo digo —Laurent levantó la barbilla, y le dijo con voz firme—: Kevin, no insistas. Y no me presiones.
—Vaya, vaya —le puso las manos en los hombros, y a continuación hizo un gesto afirmativo con la cabeza—. He visto muy pocas veces esa expresión en tu cara, y siempre me despie