Ese día a Mía le dolía la cadera, no había una razón en específico; su vida era así. Aunque su fuerte cansancio era anormal.
«Muchas embarazadas dicen que no pueden levantarse de la cama», recordó lo que le dijo su hermana con ternura, y luego se le llenaron los ojos de lágrimas que se negó a derramar. Aria vivía su duelo.
Desde lejos se le notaba lo nueva en la perfumería. Sabía un poco de atención al cliente; aun así, se veía torpe a la hora que le pedían un aroma en específico o facturar un