Adriel releyó la receta médica. Las indicaciones, el nombre de “Mía Yailes”. Volvió a pasar la hoja y se concentró en esos dos bultos sin forma.
Sus ojos pasaron de la carpeta a su empleado.
—¿Estás seguro de que esto pertenece a ella? —su voz salía acelerada, ansiosa.
—Muy seguro, señor.
Adriel se masajeó la sien. Unos segundos después volvió a tomar los papeles y buscó la parte en donde venían las semanas de embarazo.
Expulsó el aire por la boca y esa expresión desubicada se transformó en u