La puerta se abrió sin previo aviso.
Tomás alzó la mirada.
Adriel entró y cerró detrás de sí. Su ceño levemente fruncido. Odiaba a Tomás. El sentimiento era mutuo.
El sonido del seguro marcó el inicio de algo que ninguno de los dos podría deshacer.
El silencio se instaló entre ellos. Pesado. Medido.
—Siéntate.
Tomás obedeció. No discutió. No hizo preguntas.
Adriel no se movió de inmediato. Lo observó con detenimiento.
—Hay algo que no me estás diciendo.
Tomás sostuvo la mirada apenas un segundo