127 Infiltrados

La casa no pudo conciliar el sueño.

El silencio volvió a reinar… pero ya no era el mismo.

Ahora tenía vigilancia.

Tenía miedo.

Tenía sospecha.

Los cuerpos ya no estaban en el pasillo. La sangre había sido limpiada. El olor a pólvora apenas persistía en el aire, como un recordatorio fantasma.

Pero nadie olvidaba lo que había pasado.

Adriel no se movió de la sala principal.

De pie.

Inmóvil.

Observando.

Uno a uno.

Cada hombre.

Cada gesto.

Cada respiración.

—Cierren todos los accesos
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