La casa no pudo conciliar el sueño.
El silencio volvió a reinar… pero ya no era el mismo.
Ahora tenía vigilancia.
Tenía miedo.
Tenía sospecha.
Los cuerpos ya no estaban en el pasillo. La sangre había sido limpiada. El olor a pólvora apenas persistía en el aire, como un recordatorio fantasma.
Pero nadie olvidaba lo que había pasado.
Adriel no se movió de la sala principal.
De pie.
Inmóvil.
Observando.
Uno a uno.
Cada hombre.
Cada gesto.
Cada respiración.
—Cierren todos los accesos