El vehículo no se detuvo en ningún almacén.
Tomás se dio cuenta. Su mente comenzó a imaginar los peores escenarios posibles.
No había ruido de maquinaria. No había voces. No había el ambiente habitual de los lugares donde cerraban “negocios”.
El trayecto fue más largo.
Demasiado.
El miedo cambió de forma.
Era peor. Silencioso. Esa sensación de no saber qué iba a pasar.
El vehículo se detuvo al fin.
Uno de los hombres abrió la puerta sin cuidado.
—Bájate —le ordenó.
Tomás lo hizo como pudo. Las