Mía abrió los ojos.
La luz le resultó insoportable.
Parpadeó varias veces. Todo se veía borroso. Las formas no tenían sentido. El techo… blanco. Demasiado blanco.
Intentó moverse.
Sus brazos no le respondieron. Tragó saliva.
Un peso extraño la mantenía hundida en la cama.
Respiró. El aire raspó su garganta.
No logró formar palabras.
Giró apenas la cabeza. Percibió una silueta. Su cerebro tardó un par de segundos en procesar quién era.
Adriel, de pie. Lejos.
No se acercó. No dio un solo paso.
Su