El baño estaba frío. Las paredes desgastadas. Demasiado callado.
Mía apoyó las dos pruebas de embarazo sobre el lavabo. Los palitos de plástico quedaron alineados. Tomó aire y bajó la mirada a la tercera prueba, la que sostenía en su mano temblorosa.
El resultado apareció y ella pudo jurar que su corazón se detuvo.
Un signo.
Un color.
Un veredicto.
Positivo.
Mía apretó los labios. La garganta se cerró, muda, sin saber qué hacer. El pulso golpeó en sus sienes. Bajó la prueba, la colocó junto a