Elisa mirò a Leander, estaba furiosa.
—¡Sì, estoy embarazada! Pero, es mi hijo, ¡no es tuyo! No eres el padre de mi hijo.
Un silencio se cimbró en la sala, Leander la mirò con gran dolor, solo cuando las palabras salieron de su boca. Elisa sintió que había cometido un error.
—¡Silencio! —exclamó el juez.
El abogado de Elisa suplicó que callara.
Rafael estaba perplejo, sabía que fue un impulso.
«Leander es el padre, pero, ¿qué hace Elisa?», pensó.
—Señor Juez, como usted puede escuchar, también e