—¡Padre! Soy inocente, ¿cómo puedes acusarme de cosas horribles? —exclamó cayendo a sus pies, sollozando con desesperación.
El hombre la mirò severo, luego pellizcó sus mejillas.
—Más te vale que no sea cierto, peor, ya te creo capaz de todo. Abandonaste a tu bebé solo porque estaba enfermo, mentiste por años y, además, lo hiciste por dinero. ¿Querías un heredero?
El hombre sonriò.
—Hay cosas que nunca comprenderás, pero yo, nunca te dejaré ganar.
—¿Qué?
El hombre la soltó y se fue.
Sonia se vol