Cuando Elisa abrió los ojos, observó a Leander, y ella lo abrazó.
—¡Leander! Ese hombre es un asesino… ¡Quiso matarme!
Él la abrazó, ella sollozó.
«Maldito, ¿cómo pueden hacerle tanto daño a mi esposa? ¿Cómo un hombre tan poderoso y rico como yo no ha podido protegerla?», pensó con rabia.
—Cálmate, mi amor, estoy aquí contigo.
—¿Encontraron a ese hombre?
Leander negó.
—Siguen buscando.
«Enviaron a matarme, pero, Leander llegó y me protegió, entonces, ¿cómo puede ser el criminal Leander? ¿Y si è