Leander se quedó perplejo, luego comenzó a reír con gusto.
—¿Qué dices, amor? No, claro que no, ¿Es broma?
—No, yo…
Leander tomó su mano.
—Ven, te lo contaré todo, pero vuelve a mis brazos, vuelve a la cama.
Ella obedeció, convencida de obtener una respuesta.
Se recostaron en la cama, bien abrazados.
—Mira, estuve a punto de morir, sì, buscamos un donador por todos lados, incluso hablamos del mercado negro, pero no pude, no cuando supe de donde obtenían los órganos, además, claro está que mi don