Leander tenìa un gesto desesperado, no dijo nada. Ana lo vio volver a la habitación, pero cuando lo vio entrar a la recámara, ya no dijo nada.
«¿Quién es ese hombre y por qué es tan parecido a mi hermano? ¿Acaso…? ¡Imposible! Sería màs fácil que, ¡a mamá le hubiesen robado un hijo!», pensó.
***
Leander entró en la habitación, azotó la puerta e hizo que Elisa brincara del susto.
—¿Qué pasa?
Èl se acercò, lanzó esos papeles sobre su rostro y cayeron al suelo.
—¡¿Qué significa esto, Elisa?! Dime,