-Fruncí el ceño al ver la acción de Jhon, sintiendo cómo la rabia se apoderaba de mi cuerpo. Sin pensarlo, levanté la pierna y lo pateé con fuerza en la espinilla.- ¡Suéltame, imbécil! –grité mientras retrocedía, recogiendo mi mochila del suelo con manos temblorosas pero decididas– No vuelvas a tocarme, pedazo de tonto.
Jhon se inclinó un poco por el dolor, pero enseguida empuñó las manos, claramente furioso. Su voz retumbó con ira:
–¡Demonios! –exclamó con los ojos inyectados de rabia– No vuel