Pasaron ocho horas.
Ya casi todo estaba listo. Teníamos la cita a las 9:00 p.m. Caminé hacia el baño mirando el espejo mientras pasaba mis manos sobre el rostro para quitar todo el maquillaje que tapaba mis moretones. En ese instante, entra Sila con un vestido en una mano y una caja llena de maquillaje en la otra.
—¿Qué haces, Sila?—pregunté, mirándola por el espejo.
Sila sonrió.
—Te voy a arreglar como toda una dama—. Tomó mis manos y negó con la cabeza al ver mis brazos. —Tienes los brazos ll