—No me digas que quieres un esclavo… —murmuro mientras paso mis manos por el rostro, conteniendo el asco y el enojo que me produce esta situación—. ¿O tal vez… una mascota?
Cierro los ojos con fuerza al recordar esa escena grotesca. Aquella joven arrastrada como basura, los hombres riendo, brindando, golpeando a quienes llevaban collares con nombres. Algunos eran mujeres. Otros, incluso hombres. Todos rotos. Todos sometidos.
Un frío me recorre la espalda.
Una risa ronca y seca me saca de mis pe