El lunes amaneció despejado.
Irónico. Como si el universo no supiera que hoy decidía el destino de un niño.
Me vestí con el traje que Nathan había mandado a hacer. Azul marino. Corte perfecto. Elegante pero no ostentoso.
Maternal, había dicho Harrison.
Me miré en el espejo. La mujer que me devolvió la mirada era casi irreconocible.
Ya no era la Evelyn que Derek había destruido.
Tampoco era la Evelyn que Nathan había rescatado.
Era alguien nuevo. Alguien que se rescató a sí misma.
Y hoy, esa muje