El olor a café llegó antes que la náusea.
Ese era el orden en las primeras semanas. El olor primero, con ese aviso de dos segundos que el cuerpo usaba para dar a quien lo habitaba la oportunidad de prepararse. Luego la náusea, que llegaba con la puntualidad de algo que conoce el horario y no necesita que le recuerden.
Evelyn aprendió a despertarse antes que el café.
En el primer trimestre con Helena lo había descubierto por accidente. Ahora lo aplicaba como protocolo: levantarse cinco minutos a