Madison nos esperaba en un café de Brooklyn.
Lejos de Manhattan. Lejos de cámaras. Lejos de todo.
El lugar olía a pan recién horneado y secretos viejos.
La encontramos en la última mesa. Junto a la ventana que daba a un callejón gris.
Se veía diferente. Más delgada. Sin maquillaje. Cabello recogido en cola simple.
Esta no era la Madison que conocí.
Era alguien nuevo. Alguien más pequeño. Más real.
—Gracias por venir.
Su voz temblaba.
Nathan y yo nos sentamos frente a ella.
—Dijiste que había al