Evelyn llegó a Londres el miércoles.
Diana llevaba cuatro días en la ciudad. La tienda estaba lista al ochenta por ciento: los estantes montados, el sistema de iluminación instalado, el escaparate con el diseño que habían elegido juntas desde Nueva York pero que en el espacio real era diferente de como Evelyn lo había imaginado.
Mejor.
Más real.
El Aeropuerto de Heathrow tenía ese olor específico de los aeropuertos europeos que Evelyn no había olido en años: a café diferente y a algo que no sab