Una mañana cualquiera.
El café. Nathan en la cocina a las seis y media.
Junio del año veintinueve. La ciudad afuera con la temperatura del verano que ya estaba completamente instalado: los árboles del parque con el verde denso que no tendría ese nombre más específico hasta que empezara a cambiar en septiembre. La luz que llegaba ya con el calor dentro.
Nathan puso el agua para el caldo.
Los huesos de caña. El laurel. Las hierbas atadas con el mismo nudo de siempre. El segundo hueso reservado pa