La luz del amanecer de Manhattan era cruda. Gris, filtrada por el cristal de alta seguridad del cuarto de baño principal.
Evelyn estaba descalza sobre el mármol radiante. Apoyó ambas manos sobre los bordes del lavabo. El tacto frío de la piedra la ancló al presente. Levantó la vista y se enfrentó a su propio reflejo en el enorme espejo sin marco.
—Cincuenta. Pensaba que sería distinto.
Evelyn, mirándose al espejo la mañana de su cumpleaños, pronunció las palabras en voz baja. El sonido rebotó e