El coche salió de los Hamptons pasadas las once.
Nathan conducía. Evelyn en el asiento del copiloto con los zapatos quitados y los pies doblados bajo el cuerpo, mirando la autopista oscura sin ver realmente la autopista.
La gala quedó atrás como se quedan los lugares que uno visita sabiendo desde el principio que son territorio enemigo.
Ninguno de los dos habló durante los primeros veinte minutos.
No era silencio incómodo.
Era el silencio de dos personas que han procesado cosas suficientemente