Diana cerró su taller a las once de la noche. Harrison se había ido hace una hora con promesas de tener «todo listo» para mañana. Torres instaló seguridad adicional en el edificio. Madison dormía en el sofá del fondo, exhausta, envuelta en mantas que Diana había apilado sobre ella como si fuera una niña. Nathan estaba en la ventana, teléfono pegado al oído, hablando en voz baja con alguien sobre «protocolos de seguridad» y «rutas de escape». Y yo estaba sentada en el suelo del taller, rodeada d