El café no mintió esta vez.
Llegó antes que cualquier aviso. El olor limpio, sin el margen de dos segundos que el cuerpo había necesitado durante semanas para prepararse. Evelyn lo descubrió de la misma manera que había descubierto la primera mañana sin náusea: sin drama. Solo el café, y el cuerpo que no protestó, y la ciudad de marzo afuera con esa calidad diferente que tenía la luz cuando los días empezaban a alargarse.
Lo bebió de pie junto a la ventana de la cocina.
Nathan salió del dormito