Las setenta y dos horas empezaron a las diez y diecisiete de la noche del jueves.
Nathan lo escribió en el cuaderno del estudio, no en el teléfono. La hora exacta, la propuesta de Holt resumida en tres líneas, y debajo una sola pregunta sin responder todavía: ¿qué construyes en cuarenta y ocho horas que valga más que lo que alguien viene a comprar?
La respuesta llegó a las siete de la mañana del viernes.
No de Nathan. De Evelyn.
Estaba en la cocina con el café reciente y el portátil abierto y l