El video era granuloso, oscuro, tomado desde un ángulo extraño.
Pero la figura que cruzaba el jardín de la mansión Blackwood era inconfundible. Cabello rubio platino brillando bajo la luz de una farola. Vestido rojo. Tacones que dejaban marcas en el césped húmedo.
Victoria Ashford. A las 11:47 de la noche. Treinta minutos antes de que Eleanor Blackwood muriera.
—¿De dónde salió esto? —La voz de Nathan era un susurro roto.
—De las cintas de seguridad originales —respondió Harrison—. Alguien las g