De regreso a mi habitación abro la puerta y al cerrarla algo salta sobre mí, estaba sumergido en mis pensamientos que no me percaté y tomé a jade por el cuello aunque la solté de prisa un poco alarmado.
—¡jade! ¿Por qué haces eso? me sorprendiste y casi te lastimo, agradece que sólo fue mi mano en tu cuello— su respiración es pesada y no dice nada
—¿que sucede?— me acerco, su piel está muy caliente
—tienes fiebre— toco su frente confirmando y se pega a mí olfateandome, aprieta mi espalda aunque