—Dime una cosa Bastián, ¿Ella sabe que estas aquí?.
—No tiene porque saberlo. —gruño. —Y nunca sabrá que estuve aquí.
—Ah, claro. —aplaude. —Le vas a mentir nuevamente, según tú, para protegerla. —Su ironía me comenzaba a molestar. —El gran Bastián, dice cambiar cuando todos sabemos que no lo harás. ¿Qué dirá ella si llegase a saber que estas aquí para matarme?. Porque esta claro que a eso has venido, de lo contrario, no estarías en tu forma más poderosa. —sonríe. —Vamos, atácame.
Abre sus braz