El trayecto hasta la habitación le pareció más largo de lo habitual. No porque el pasillo hubiese cambiado, sino porque su cuerpo sí lo había hecho. Cada paso le arrancó una queja silenciosa del costado vendado, del pecho rígido, de los músculos tensos que aún no terminaban de aceptar que seguía en pie. La herida no estaba cerrada. Solo contenida. Como todo en él últimamente.
No iba a permitir que nadie lo notara.
Dos hombres se hicieron a un lado al verlo acercarse. Bajaron la cabeza. No por c