El eco de los disparos todavía flotaba en el aire cuando el silencio cayó de golpe, denso, antinatural, como si el bar entero estuviese conteniendo la respiración al mismo tiempo.
El humo del arma se disipó lento, mezclándose con el olor agrio del alcohol derramado y la sangre reciente. Nadie habló. Nadie se movió. Las luces de neón parpadearon una vez más antes de estabilizarse, pintando los rostros tensos con tonos violáceos y verdosos que acentuaron la sensación de irrealidad.
Erika permanec