El sonido de la lluvia golpeando contra los ventanales acompañaba el murmullo grave de los hombres reunidos alrededor de la mesa. Todos vestían de negro, con la expresión marcada por la impaciencia y la expectativa.
Uno de ellos, un hombre de cabello entrecano y mirada severa, rompió el silencio al inclinarse hacia adelante.
—¿Cuánto tiempo más tenemos que esperar?
Su tono era áspero, molesto. Sus dedos tamborileaban sobre la superficie de la mesa con impaciencia, como si su propia piel le ardi