La noche era espesa, sofocante, cargada de un silencio pesado que se extendía por el jardín privado de Dante. Él estaba sentado en un banco de piedra junto a la fuente de mármol, donde el agua caía en un murmullo hipnótico. Sus dedos jugaban con el borde del vaso de whisky que descansaba sobre su rodilla, pero no lo bebía. Su mente estaba en otra parte.
Enrico.
Su desaparición lo tenía al filo del abismo. Desde que tomó el control del clan, había enfrentado traiciones, una guerra interna y enem