La puerta del búnker se abrió con un chirrido lento, pesado… como si arrastrara consigo el último vestigio de una pesadilla que por fin había terminado.
El aire dentro del refugio era espeso, cargado de silencios que habían dolido más que las balas, pero en cuanto la luz tenue del amanecer se coló por la abertura, trayendo consigo un soplo de humedad fresca y libertad, algo cambió.
Fue como si la paz entrara caminando, descalza, envuelta en la figura deshecha y hermosa de Svetlana.
Estaba de pi