La madrugada tenía ese tinte gris de los secretos que aún no se han contado. El rocío cubría los ventanales de la villa como si la noche intentara protegerla del mundo exterior.
Un Fiat Doblò de color grafito, con las placas cubiertas parcialmente por el polvo del camino, se detuvo frente al portón principal de la villa. Las luces delanteras parpadearon una vez antes de apagarse. Luego, la puerta del conductor se abrió, y Luca Versano descendió del vehículo.
Llevaba una chaqueta de cuero, el ro